Este agosto hemos dado con la perfecta serpiente de verano: el turismo. Va con la época como ninguna, es un debate sin fin claro a la vista porque es esencialmente político y, además, es relevante desde muchos puntos de vista. Uno de ellos es el tópico de que España es un “país de camareros”, que se expresa normalmente como firme ejemplo y protesta contra el modelo productivo patrio.

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