Los bancos centrales mundiales hicieron todo lo que pudieron durante los últimos diez años para reactivar la economía, asumiendo todo el riesgo. Ahora parece que llegan al final del proceso, al menos en Estados Unidos, donde la política monetaria entra en un territorio más normal. Pero como en el idílico enclave de Jackson Hole, a las puertas de Yellowstone, conocido por sus fuentes termales, algo inquietante se mueve bajo la superficie.