Canadá es hoy el vecino sensato de Donald Trump. También es una sociedad con los equilibrios económicos suficientes como para afrontar los cambios vertiginosos provocados por la crisis. Canadá está bien estructurada para ello. Sus fundamentos económicos son buenos. El PIB per capita se situará este año en 43.600 dólares; la tasa de crecimiento, moderadamente atascada, estará en el 1,9%; la tasa de paro no llegará al 7%, y el déficit público estará en torno al 2%. Las razones para la satisfacción son preferentemente de orden estructural. La economía canadiense está dominada por los servicios, con un gran dinamismo en los mercados de telecomunicaciones, turismo e Internet. Y cuenta con un factor de crecimiento potencial intenso en las energías renovables (eólica).

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