Uno de los padres fundadores de EE UU, Benjamín Flanklin, escribió: “En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y los impuestos”. Los tam-tam que unen estos dos conceptos —la muerte y los impuestos— vuelven a sonar con ese debate con sordina, aún no mayoritario, sobre la necesidad de suprimir el gravamen sobre las herencias y donaciones. Esto no es una casualidad o una ocurrencia que llega de la nada, sino que tiene que ver con los esfuerzos permanentes para mermar la capacidad redistributiva de los Estados (y por tanto, con el incremento de la desigualdad) que se están dando en el mundo desde la década de los años ochenta del siglo pasado.