La fábrica de BMW en Rosslyn, en las afueras de Pretoria, no es la más moderna ni puede ser la más sostenible de todas las plantas del grupo en el mundo dada su antigüedad. Pero sí tiene algo especial que ilumina el rostro de los directivos de la marca cuando hablan del recinto. Inaugurada en 1974, fue la primera planta de BMW fuera de Alemania. En esta se intentó que los trabajadores blancos y negros convivieran del mejor modo posible durante el apartheid, y allí se pusieron en marcha muchos de los avances que han contribuido a que la marca encabece el índice Dow Jones de sostenibilidad a escala mundial en su sector.