Me quedé muy intrigado cuando Peté (que se llama en verdad Pedro Llosa Vélez) me pidió aquella cita, explicándome que tenía cierta urgencia. Era mi primo hermano, pero, dada la diferencia de edad —yo le llevaba casi cuarenta años—, me había acostumbrado a pensar en él como mi sobrino. La familia Llosa estaba muy orgullosa de Peté, que, desde niño, daba muestras de ser un geniecillo. Había hecho unos estudios muy brillantes en uno de los mejores colegios de Lima, el británico Markham, y, luego, gracias a sus excelentes notas, obtuvo una beca en una de las más exclusivas universidades para estudiar la carrera de moda: Economía, claro está. Se graduó con honores y de inmediato lo contrataron en un banco. Se abría, para él, quién lo iba a dudar, un porvenir dorado. ¿Para qué me habría pedido aquella cita?