Ancianas gritando bajo la nieve

La manifestación de pensionistas de esta mañana en la Puerta del Sol de Madrid ha sido increíblemente subversiva porque se trataba todo el mundo de usted. Era una cosa seria. Y la prueba de que iba en muy en serio era el clima en que se desenvolvió: cinco grados y lloviendo a raudales. Se empañaban las gafas. Se congelaban las manos. Pero mucho antes de las once la plaza estaba muy llena y se desbordaba por la calle Carretas, donde estaba la cabeza de la manifestación. No obstante, hay un detalle revelador: esta expresión, la de la cabeza, era totalmente ajena a mucha gente que estaba más atrás, lejos de banderas y pancartas, en silencio, sin saber cómo comportarse en una manifestación, porque nunca habían ido a una. “Es la primera que vengo en mi vida, no me voy a quedar en casa tocándome las narices esperando que los demás me lo solucionen y dejándoles solos”, decía Ceferino Farelos. Otros, si no era la primera, hacía mil años que no iban a una. “Desde que éramos jóvenes, que había que pelear, o no conseguías nada”, cuenta un matrimonio, Luis Gutiérrez y María Pilar Simón.

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