Cerrado el primer trimestre del ejercicio, puede afirmarse que la desincronización entre variables financieras y macroeconómicas es el fenómeno más llamativo de este período, a diferencia de lo ocurrido en 2017. Mientras que las últimas previsiones de crecimiento económico de los principales organismos internacionales (OCDE, FMI) sitúan el ritmo de avance del PIB mundial cerca del 4% para este año y el siguiente, los tipos de interés a largo plazo apenas han repuntado 15 puntos básicos para el promedio del G4 (EE.UU., eurozona, Reino Unido y Japón) y las Bolsas, a excepción del conjunto emergente, acumulan cesiones de entre el 2,5% (S&P500) y el 7,5% (Nikkei).

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