La primera toma de conciencia se produjo con las revelaciones de Snowden: la era de los imperios digitales suponía un auténtico riesgo para la libertad. El mismo espacio digital que expandió el movimiento Occupy o la brecha de la Primavera Árabe era también un lugar vigilado. El Leviatán que resguardaba nuestros derechos individuales lo encarnaba ahora un nuevo monstruo con un inusitado e inaprensible control digital sobre nuestras vidas.

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