La contaminación ambiental es lo que un economista llamaría externalidad negativa. El crecimiento económico moderno se ha fundamentado en agotar o ensuciar los recursos ambientales (aire, agua, tierra) a cambio de beneficios y extensión de productos, manufacturas o servicios. Nadie cayó en la cuenta, hasta mediados del siglo pasado, de que los recursos del planeta eran limitados, que el aire sucio envenena y que el agua contaminada mata animales, plantas e incluso personas. Ha costado varias décadas imbuir en la opinión pública la idea de que vivimos en lo que Kenneth Boulding llamó Nave Espacial Tierra; un espacio concreto, con potencial limitado de explotación de recursos y con unas condiciones de supervivencia que se están deteriorando sin que exista un acuerdo político universal contundente para evitarlo.

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