Está claro que las cosas no pueden seguir así. Hablamos de Europa. La crisis de confianza que emergió de la gestión autoritaria franco-alemana encaminada a la salvación del euro en 2009, sin cambio de orientación de la política monetaria, el austericidio impuesto por el tándem Merkel-Schäuble —con el apoyo de Países Bajos, Austria y Finlandia—, el Brexit y la irrupción de partidos populistas de indefinidas tendencias en las últimas elecciones con la consecuente desagregación de los bloques tradicionales en Europa, conducen a un bloqueo aparentemente irreversible del sistema europeo encarnado en el Tratado de Lisboa.