En las últimas dos décadas se ha aceptado ya que las pensiones públicas son insostenibles y que conviene que cada cual se espabile, después de toda una vida cotizando, para tener ingresos en la vejez. El español no puede como el estadounidense salirse del sistema y decir que no cotiza y aguantar lo que pueda venir a la intemperie. Aquí si trabajas, pagas a la Seguridad Social, sí o sí. En general esto es lo que ocurre en toda Europa. Lo divertido viene cuando desde finales del siglo pasado se va filtrando la idea de que con el envejecimiento de la población y el descenso demográfico llegará un momento en que no se puedan pagar las pensiones. Esto no va a suceder de un día para otro. De la misma forma que las condiciones de trabajo se han deteriorado poco a poco hasta un punto en que los horarios laborales han desaparecido de facto, según intentábamos explicar en el primer artículo de esta serie, los requisitos para tener una pensión de jubilación van a ir haciéndose más y más duros, en una erosión lenta que no provocará grandes conflictos, pero llevará en dos décadas a que la mayoría trabaje para pagar una pensión al Estado que no cobrará o que será ridícula. Y además deberá trabajar más de lo que ya trabaja para pagarse otra vez lo que ya ha pagado. Es una ley no escrita que va inscribiéndose por ósmosis en las cabezas de los europeos. Las leyes no escritas son las verdaderamente importantes, porque todos las obedecen sin cuestionar el contenido de sus enunciados invisibles. No se olvide esto nunca.