Nuevas caras; viejas batallas. Nadia Calviño se ha estrenado esta semana en Luxemburgo en las reuniones de ministros de Economía de la eurozona (el Eurogrupo) y de la UE (Ecofin). Calviño deja buen sabor de boca por el firme compromiso europeísta de España y el mensaje de estabilidad presupuestaria, que combina con la necesidad de activar un crecimiento «inclusivo». La clave para España es si conseguirá bajar del sacrosanto 3% del PIB en el déficit, con un presupuesto que incluye recortes de impuestos y subidas de pensiones, y con las últimas propuestas de algunos de los nuevos ministros, que pueden suponer más gasto público. Ante la prensa española, la ministra ha asegurado este viernes que el Gobierno «tiene la confianza absoluta de que el déficit bajará del 3% y España saldrá del brazo correctivo del Pacto de Estabilidad». Solo hay un problema: el objetivo pactado con Bruselas es mucho más ambicioso, del 2,2% del PIB; son unos 9.000 millones de diferencia. Y ahí la ministra es menos tajante: es «absolutamente prematuro» aventurar si España cumplirá o no con esa cifra.