Las guerras comerciales son malas y fáciles de perder, contra lo que alega Donald Trump. La reciente decisión de la (minúscula, pero mítica) fábrica de motos Harley Davidson de trasladar parte de su producción estadounidense a sus plantas de India, Brasil y Tailandia para sortear las selectivas represalias de la UE por los aranceles trumpistas sobre el acero y el aluminio demuestra que los mini-desquites de Bruselas están bien tirados y hacen daño.