Los grandes incendios son un síntoma de nuestro tiempo y lógicamente de nuestra economía. En parte, producto de acciones de uso del suelo y cambio climático con nefasta incidencia a largo plazo. En parte, también, resultado de incentivos mal definidos sobre recuperación del paisaje y reforestación. Son, asimismo, paradigma de este era de lo impensable en la que contamos con más medios que nunca pero también más capacidad destructiva.