Dicen que la torta del Casar es el producto perfecto. Está buena, es escasa y tiene misterio, ya que nadie sabe cuándo se empezó a consumir. Es un queso de oveja que se producía en el Casar de Cáceres –un pueblo de Extremadura–, que al hacerse salía mal, sus paredes no aguantaban y quedaba aplastado. Era el resultado de un error de producción, que algunos queseros decidían tirar. Hasta que un día, un pastor casareño la probó y descubrió que ese queso, que se había vuelto untable, era un manjar.