Que la austeridad indiscriminada agravó la crisis de Grecia desde 2010, es poco discutible. Que su exclusión de los mercados financieros durase ocho años y confirmase el error procíclico recesivo es de cajón. Que el brutal alcance de la crisis socio-política derivada pudo evitarse parece la consecuencia lógica de todo ello.

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