La bomba explotó a última hora de la tarde. Leo Messi, el mejor jugador de la historia del Barcelona y uno de los pocos jugadores que en los últimos cincuenta años puede mirar a la cara a astros del balón como Pelé o Maradona, ha puesto sobre la mesa su marcha del Barcelona, el club que le vio crecer y triunfar. Lo hace triste, con la humillante goleada del 2-8 encajada contra el Bayern de Munich como último recuerdo y enfrentado a la actual junta directiva, ante la que apela a una cláusula unilateral de rescisión de contrato que le permitía salir gratis del club comunicando su intención de irse hasta el pasado 10 de junio. Por ahora, parece que el Barcelona no está por la labor, pero las especiales circunstancias de una temporada marcada por el coronavirus y que ha terminado en agosto pueden favorecer una interpretación laxa de esa fecha. Esto le permitiría liberarse de su cláusula de rescisión, cifrada en 700 millones de euros, y escoger su destino.