Iberia activó el lunes la guerra de precios entre las aerolíneas europeas, con una agresiva campaña de tarifas que iban desde los 22 euros para trayectos nacionales, los 30 para vuelos a Europa y los 128 para desplazamientos transoceánicos. El objetivo era tratar de revitalizar una demanda hundida por el cierre del espacio aéreo y por el temor de la gente a volar. La combinación de ambos factores llevaron a que la compañía apenas utilizará el 18% de su capacidad en julio y que en las primeras semanas de agosto apenas subiera al 27%.