La evidencia deja poco lugar a dudas: la desigualdad en la distribución de la renta en las economías avanzadas esta en máximos. De sus perversas consecuencias ya no queda institución multilateral que no la destaque como uno de los obstáculos, no solo a la necesaria cohesión social, sino al mantenimiento de un ritmo aceptable de crecimiento económico y de la estabilidad financiera.

Seguir leyendo.