El maíz, el aceite de palma o de soja, la remolacha… A principios de siglo los biocarburantes a partir de estos cultivos parecían la solución al aumento del precio del petróleo y los problemas medioambientales. Los estudios indicaban que los motores que usaban biocombustibles emitían menos gases de efecto invernadero y partículas contaminantes. La UE legisló para incentivarlos en 2003. El consumo se multiplicó por diez en Europa en una década, según Eurostat. El mismo incremento se dio en España.