La tormenta perfecta se ha desatado para las empresas turísticas. Al frenazo en la llegada de viajeros (España podría perder hasta 64 millones de turistas extranjeros) y al desplome de los beneficios (solo IAG acumula pérdidas de 5.567 millones entre enero y septiembre de 2020), ahora se une el cierre del grifo del crédito bancario.