Uno de los grandes riesgos que corren los trabajadores que pierden su empleo es acabar convirtiéndose en parados de larga duración: más de un año sin encontrar otra ocupación, con lo que las posibilidades de que un empresario les contrate crecen. Y, además, en España la situación se agrava porque en ese tiempo, puede ocurrir que no reciban ninguna atención —salvo prestaciones y subsidios— de los servicios públicos para volver a encontrar un trabajo, las llamadas políticas activas de empleo.