Desaceleración, pero moderada

La evolución de la economía española en 2016 ha sido, para muchos, una sorpresa. La ausencia de Gobierno no ha supuesto un obstáculo para el crecimiento, a pesar de lo que suponían los manuales. Dado que España es básicamente una economía de servicios ­—algo que ni este Gobierno ni otros anteriores parecen dispuestos a cambiar, actuando para cambiar el patrón de crecimiento— basta con que se recupere el mercado turístico para que las estadísticas adquieran una inercia de mejora. Como, por otra parte, el mérito de la estabilización financiera corre a cargo del Banco Central Europeo, basta con que la prima de riesgo se mantenga en niveles moderados para que el PIB, empujado por el turismo y algo de consumo, sostenga una velocidad discreta de crecimiento. El coste del no gobierno se hace evidente cuando hay que negociar el ajuste presupuestario en Bruselas pero, en apariencia, influye menos en el crecimiento a corto plazo.

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