El futuro, también el económico, suele parecerse mucho al presente. Las proyecciones económicas se esgrimen como si fueran preludios de cambios fabulosos, pero la mayor parte de ellas, por no decir todas, son extrapolaciones sencillas de lo que ya se conoce hoy. Los auténticos cambios, las modificaciones económicas o políticas significativas son impredecibles; de hecho, con frecuencia se advierten tiempo después de que se produzcan. Así es el caso del precio del petróleo; estuvo bajando durante meses antes de que los inversores cayeran en la cuenta de que el hundimiento en el mercado internacional equivalía a una distorsión estratégica grave. Las previsiones económicas para 2017 sólo pueden entenderse hoy como una prolongación de las tendencias actuales. Como siempre hay una incógnita alfa, la del año próximo está muy clara: ¿hasta dónde será capaz de llevar Donald Trump su proyecto de trumpeconomics (proteccionismo comercial con aumento de la inversión en infraestructuras)?