Aunque hay cálculos que se remontan a 1989, el Ibex 35 echó a andar en 1992. Nació básicamente como una herramienta que sirviese de subyacente en la contratación de productos derivados. Sin embargo, con el paso del tiempo este indicador bursátil se ha convertido para algunos partidos políticos en la metáfora del capitalismo más feroz, en un poder fáctico cuya influencia trasciende el ámbito empresarial. Según esta visión, los dueños del Ibex serían unos señores mayores,miembros todos de lo que se ha venido en denominar la oligarquía castiza. ¿Eso es así? Desde un punto cuantitativo, rotundamente no. Los principales propietarios de acciones españolas están en Noruega, Estados Unidos, Reino Unido, el Golfo Pérsico y, de forma menor pero con un poder creciente, en Asia. Son ahorradores colectivos, cuyo dinero es gestionado por profesionales a través de fondos de inversión, fondos de pensiones o fondos soberanos. Otra cosa distinta es que estos dueños en la sombra del parqué no ejerzan los derechos políticos que les conceden sus acciones y deleguen la dirección de las compañías a los consejos de administración.

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