Carlos supo pronto lo que quería ser de mayor. Un verano de hace más de 40 años, disfrutaba de la paradisiaca cala de San Pedro de Las Negras (Almería) cuando vio que unos submarinistas franceses extraían unas ánforas antiguas que el mar ocultaba, desde hacía siglos, en lo que antaño era un puerto natural. Desde ese momento vivido cuando tenía ocho años, Carlos Abad persiguió su sueño y lo consiguió. Para cuando el almeriense aprendió todo lo que debía saber como buceador profesional, descubrió que, bajo las aguas de San Pedro, el expolio era total y que lo que esos cazatesoros hacían era ilegal. “Yo quería tener un ánfora como las que hay bajo el mar, pero no podía ser. Desde entonces, me quedé con esa idea y luché para conseguirlo”, reconoce Abad. Trabajaba para la Central Térmica de Carboneras cuando encontró la respuesta a su inquietud: consiguió crear un sistema único de envejecimiento acelerado de ánforas en el mar. Lo patentó y, junto a Filomena Faba, creó la empresa Ánforas del Mar.