Ruth Handler creó la Barbie con la idea de enseñar a las niñas que podían aspirar a ser lo que quisieran en la vida. La muñeca se fue haciendo a lo largo de su vida con centenares de trabajos mientras lucía nuevos estilos. De golpe entró en un profunda crisis de identidad, como si hubiera perdido esa habilidad para adaptarse a lo que pasa a su alrededor. Algo similar le pasó a Mattel, el propietario de la Barbie y a la sazón el mayor fabricante de juguetes del mundo, por eso ahora se pone en manos de una exejecutiva de Google, para recuperar su conexión con el mundo.