Año ocho de crisis: los bancos españoles se enfrentan a otro ejercicio marcado por las incertidumbres. No es algo novedoso porque en los últimos ejercicios han tenido que adaptarse a situaciones insólitas (vivir con tipos cero o negativos) o sorpresas en mitad del camino (Brexit, Trump o el castigo judicial a las cláusulas suelo) que han hecho muy difícil cumplir con las previsiones de beneficios ofrecidas al mercado. El oficio de banquero ha perdido su antiguo glamour: atraviesa su peor momento en reputación social y se ha convertido en una labor espinosa que busca un objetivo casi inalcanzable: volver a la rentabilidad del pasado. Sigue siendo un trabajo muy bien pagado, pero necesita recuperar la confianza de la sociedad, algo muy difícil si no rebaja la tensión judicial con los clientes tras algunas prácticas más que cuestionables, como las cláusulas suelo.