El crecimiento y la inflación de la eurozona cogen velocidad

Europa recupera poco a poco las constantes vitales. La economía coge fuelle: el PIB de la eurozona creció el 1,8% en 2016, con un avance trimestral del 0,5% en la última parte del año, por encima de las expectativas. El PIB del euro resiste a tasas más que decentes las incertidumbres globales –Trump y sus tentaciones proteccionistas– y los riesgos en casa, que en todas partes son eminentemente políticos. Tanto el centro como la periferia se recuperan, y el paro está en el menor nivel desde mayo de 2009, pero aún rozando el 10%, prácticamente el doble que en Estados Unidos. Y hasta la inflación empieza a dar alguna que otra alegría: el encarecimiento de la energía elevó los precios hasta el 1,8% en enero dentro de la zona euro, un salto espectacular de siete décimas respecto a diciembre y la tasa más alta en cuatro años, siempre según los datos de Eurostat, la agencia estadística de la UE. Sin los elementos más volátiles todo es menos llamativo: quitando la energía y los alimentos, la inflación se queda en el 0,9%, igual dato que en diciembre y muy, muy lejos del objetivo del 2% de la zona euro.

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