La muerte esta madrugada de Lorenzo Servitje, fundador de Bimbo, a los 98 años llega en un momento clave para la internacionalización de la economía mexicana, un campo del que él conocía como pocos. Nacido en la Ciudad de México en noviembre de 1918, nieto de campesinos catalanes e hijo de un matrimonio de inmigrantes, Josefina Sendra y Juan Servitje, que abrió una pequeña y céntrica pastelería, El Molino, con otras dos familias –Bonet y Tinoco, ambas, también de origen catalán–, su vocación empresarial fue temprana. Como en la biografía de muchos otros empresarios que han hecho grande su negocio desde prácticamente cero, el joven Lorenzo empezó a trabajar en el negocio familiar a los 16 años mientras cursaba sus estudios de Contaduría Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esa formación le permitió hacerse cargo en 1937, tras la repentina muerte de su progenitor, de la gerencia del negocio, que mantendría hasta 1945.