Los Bou trabajan el campo de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) desde hace cuatro generaciones. Albert y su padre octogenario recogen ellos mismos las lechugas, los calçots, los brócolis que siembran en Cal Coracero. Las heladas matutinas de los últimos días han quemado algunas de las alcachofas que esperaban recolectar. Las manchas que les han quedado las sacarían automáticamente de los lineales de cualquier supermercado. “La vista es la que come”, explica el agricultor. Pero ante la escasez de producto, la estética pasa a un segundo plano y la verdura acabará en la mesa de cualquier consumidor.

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