Hanjin estaba bajo tutela judicial desde septiembre del año pasado, cuando la compañía se declaró en suspensión de pagos. Acorralada por una deuda enorme que se contrajo para financiar un plan de expansión demasiado ambicioso, cuatro años consecutivos de cuantiosas pérdidas y unas perspectivas sombrías, la naviera vio como su principal acreedor (el Banco de Desarrollo de Corea del Sur, de titularidad pública) la cerraba el grifo de la financiación.