Cada cinco años, el INE abre las ventanas del IPC y deja que entre el aire. Ventila uno de los indicadores más conocidos por el público, el de los precios, ese que está detrás de ese lamento sobre ‘lo cara que está la vida’. Cuando uno abre la ventana, entra aire fresco y sale el más usado, y lo mismo pasa con el IPC, cada cinco años. Entran productos nuevos a la cesta con la que se elabora y salen otros, quizá ya demasiado usados, como esas prendas que arrinconamos en los armarios. El pasado 31 de enero tocó ventilar el índice y, además, reorganizar los armarios, que así lo mandaba Europa. Así, además de la cesta de productos, que adelgazó de 489 a 479 artículos, se añadieron nuevas estanterías en las que clasificarlos y se retocó la ponderación, la importancia relativa de cada uno de ellos en la cesta. Esa nueva organización pretende ser un reflejo de lo que se consume realmente en España cada mes, pero un vistazo a ese espejo puede devolver imágenes llamativas, a veces realidades incómodas.