Inditex, Ikea y Lego, tres multinacionales de pueblo

La discreción patológica de la compañía –que no se anuncia, ni permite la entrada a fotógrafos– se nota también en el cartel de su sede: es tan circunspecto que si no sabes, te lo pasas. Dice Inditex y está en Arteixo, un pueblo de 32.000 habitantes de la Costa da Morte, marcado por el agreste paisaje y el anárquico urbanismo gallego. Un robot cortacésped ronronea en la praderita que separa la sede de la multinacional del polígono de pueblo que la aloja. Fuera: un ir y venir de camiones, casas de comidas, obras, rotondas, gigantescas naves industriales. Chapa y desorden. Dentro: vidrio templado y pulcritud. Un pasillo blanco de 300 metros con inquietantes tiendas piloto sin clientes. Un informático en Segway que se cruza con jóvenes diseñadoras con zapatos dorados (será tendencia). Una sala de servidores con acceso de reconocimiento facial desde la que se controla un imperio de 7.240 comercios en 93 países. Se tarda más en recorrer la futurista sede de Inditex, donde trabajan 4.000 personas, que en cruzar el pueblo.

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