En la crisis financiera de 2012, con la prima de riesgo disparada hasta los 600 puntos, los bancos españoles engordaron sus carteras con los bonos del Estado español que nadie quería. Además de soportar la deuda española, los bancos se beneficiaron de la elevada rentabilidad, la ausencia de otras opciones de inversión en mitad de la crisis y el buen trato regulatorio de la deuda soberana, que les contabilizaba como recursos propios. Así, la banca llegó a tener el 31,6% de todo lo que se emitía en 2012, según los datos del Tesoro.