CaixaBank sortea el impacto de Basilea III y lo convierte en un refuerzo para su capital

Es la única gran entidad europea que ganará con la aplicación final de la normativa. Su intención es generar 200 puntos básicos de solvencia este año.

La implantación final de Basilea III será mucho más benigna para la banca europea de lo que se esperaba hace pocos meses, pero solo hay una entidad entre las mayores del Viejo Continente que ha convertido su aplicación en un beneficio. Es CaixaBank y asegura que no solo no restará a su capital, sino que sumará.

El banco ha actualizado las previsiones de impacto de una normativa que se ha suavizado antes de su entrada en vigor el pasado 1 de enero, que ha retrasado a 2026 la aplicación de una de sus medidas más onerosas y que se implantará de forma escalonada durante cinco años.

CaixaBank prevé ahora que Basilea III sume 15 puntos básicos a su capital de máxima calidad (CET1) este año, según ha revelado a los analistas su director financiero, Javier Pano. Los nuevos cálculos también contemplan que no habrá efectos negativos en el futuro, cuando hayan entrado en vigor todas las medidas previstas en el calendario.

Penalización

La entidad nunca ha estado en el grupo de las más afectadas por la llegada del tramo final de Basilea III. Estas medidas, también conocidas como Basilea IV por lo que han tardado en hacerse realidad, están diseñadas para penalizar a los bancos que que priman los modelos propios para calcular sus riesgos y que tienen una mayor operativa en los mercados. Pero eso siempre dentro de una escala de impacto de más a menos negativo, sin esperarse que hubiera entidades que salieran ganando con la norma.

El impulso ayudará a CaixaBank en su intención de generar de forma orgánica cerca de 200 puntos básicos de capital este año, ya que el banco ha prometido a los analistas sumar solvencia a un ritmo de 40 a 50 puntos básicos cada trimestre.

Desde el CET1 del 12,19% que tiene en la actualidad, las proyecciones llevarían a CaixaBank a superar el 14% de capital, pero la cifra no llegará a esa cota. La entidad ya ha anunciado que quiere crecer, así que parte de la solvencia se destinará a compensar el incremento de los activos ponderados por riesgo.

También se ha comprometido a repartir entre los accionistas todo lo que supere el 12,25% en 2025 y el 12,5% a partir del año que viene, lo que convertirá a los inversores en los principales receptores del capital sobrante.

El efecto en otros bancos no será tan positivo, aunque los cálculos también han mejorado para ellos. «Se espera que las entidades europeas de mayor tamaño sean las más afectadas por Basilea, pero la mayoría ha reforzado su capital y asegura que los efectos serán limitados en la aplicación inicial», señala S&P Global Market Intelligence.

Tiempo para adaptarse

«Los años de preparación para aumentar las ratios de capital, la gestión del riesgo de cartera y la generación orgánica de solvencia han permitido a los bancos adaptarse al cambio normativo manteniendo al mismo tiempo las distribuciones a los accionistas y las inversiones«, añade.

BBVA llegó a calcular un impacto negativo de 40 puntos básicos en su capital con la llegada de Basilea III, luego lo redujo a 15 y ahora cree que el efecto será cero este año y «marginal» en los siguientes. Sabadell estimaba el año pasado una penalización de 50 puntos básicos y también la ha descartado.

BNP Paribas, sin embargo, cree que la normativa le restará 90 puntos básicos a su CET1, pero afirma que su solvencia se mantendrá en todo momento por encima del 12%, según la información que recoge S&P. UniCredit espera ser capaz de reducir el golpe a 60 puntos básicos en 2025 y para ello ha prometido realizar una gestión activa de su cartera.

Pero todo puede volver a mejorar para los bancos europeos, porque las apuestas a un nuevo retraso de las medidas de Basilea III que tienen una implementación escalonada a partir de 2026 no dejan de crecer.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el paso atrás con la regulación que ha dado Reino Unido ante la laxitud que se espera al otro lado del Atlántico han disparado las presiones para que la Unión Europea también relaje la normativa.