Hay un negocio oculto en la trastienda de la educación profesional: adivinar (porque eso es en el fondo) cuál será el ámbito que ofrece mejores oportunidades de empleo en el futuro. Quienes hoy han de elegir la manera de ganarse la vida y su entorno familiar, perciben que el mercado laboral ya no es el mismo del que era tan solo 10 años atrás. El motivo es que ha disminuido el número de puestos estables de trabajo y razonablemente remunerados, incluso para las élites mejor formadas en las profesiones más cualificadas. Este es un efecto dañino del crash de 2007. Porque, dicho sea en términos de probabilidad, la precariedad se ha convertido en un factor estructural de la economía mundial. Con el pretexto de la excepcionalidad de la crisis, los salarios más bajos y la contratación temporal llevan camino de convertirse en la normalidad establecida del mercado laboral. Esta normalidad de lo precario no será uniforme en todos los países, por supuesto; dependerá de la resistencia o de las opciones que ofrezca la legalidad de cada país.

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