
Europa y Estados Unidos superaron los dos billones de euros en 2024, pero la guerra de los aranceles ha paralizado las operaciones y ha disparado la aversión al riesgo.
La financiación a empresas endeudadas y las operaciones financieras más arriesgadas acaban de salir de una crisis y ya están metidas de cabeza en otra con poco más de un año de asueto. El paréntesis ha sido 2024 y el primer mes de 2025. La llegada deDonald Trump a la Casa Blanca ha roto el hechizo.
La crisis de la inflación y la subida de los tipos de interés que acometieron los bancos centrales de medio mundo provocaron en 2022 y 2023 una contracción drástica del dinero que los inversores estaban dispuestos a poner en manos de las compañías con un perfil de solvencia más bajo o para transacciones menos ortodoxas.
Tras dos años de carestía, llegó la ebullición. La bajada de los tipos, la confianza en una mejora macroeconómica y las esperanzas de un boom de la actividad corporativa e inversora con Trump en la presidencia de Estados Unidos dieron alas a las emisiones de bonos de las empresas con peor ráting (high yield, de BB+ hacia abajo), a los préstamos apalancados y al crédito directo.
Las cifras de 2024 son las mejores de la historia en Europa y Estados Unidos. La financiación apalancada (leveraged finance) en su conjunto movió el año pasado más de dos billones de euros en las dos regiones, según los datos de la agencia de calificación Fitch y de la Asociación para los Mercados Financieros de Europa (AFME).
Por encima de 2021
Los préstamos con más riesgo y el crédito directo consiguieron superar incluso las cotas del histórico 2021. Los bonos high yield no pudieron llegar a tanto, pero al menos en el Viejo Continente se quedaron muy cerca.
Los incrementos fueron verticales. Los préstamos apalancados crecieron un 250% en 2024 en Estados Unidos, hasta los 1,18 billones de euros, según los datos de Fitch. En Europa rozaron los 290.000 millones, después de impulsarse un 57%, pero las emisiones de bonos rebotaron todavía más, un 141%, hasta los 159.000 millones, según la AFME.
Ese salto supera al estadounidense, donde estos instrumentos mejoraron un 61%, hasta los 248.160 millones. Los préstamos directos movieron casi 130.000 millones en EEUU y eso es un 79% más que en 2023.
El apetito de los inversores por el riesgo se extendió al primer mes de 2025. El año empezó con buenas perspectivas y ganas de que la financiación apalancada se extendiera también a las fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) más complejas, uno de los sectores que se perdió la recuperación de 2024.
Y así fue, pero durante solo unos días. Trump tomó las riendas el 20 de enero y pronto la incertidumbre paralizó el mercado.
Las dudas han resucitado la aversión al riesgo, con la escalada del precio del oro como principal constatación. El mercado de bonos se ha complicado para los emisores con peor ráting; especialmente el europeo, por su menor tamaño y profundidad.
Máxima cautela
Por el lado de los préstamos, fuentes financieras señalan que los grandes inversores están mostrando fuertes reticencias a comprometer su dinero en operaciones que no estén ultragarantizadas y que los bancos han puesto en marcha la estrategia de prevención máxima para evitar quedar atrapados en transacciones comprometidas.
La financiación se ha volatilizado, pero tampoco las empresas la están pidiendo. Estas fuentes añaden que la incertidumbre está llevando a las compañías a aplazar cualquier decisión de inversión y que rechazan sumar un euro más a su endeudamiento en las circunstancias actuales.
El resto del año está en manos de Trump, porque un buen acuerdo definitivo sobre los aranceles puede revitalizar los mercados. Pero desde la banca de inversión advierten de que la financiación apalancada será la última en arrancar y que solo comenzará a repuntar cuando los mercados y los préstamos estén ya asentados para las empresas más solventes y el dinero se atreva a dar un paso más porque el apetito de rentabilidad extra gane al miedo.