
El BIS certifica la fuerte alza de la financiación tras la llegada de Trump a la Casa Blanca.
Algunos vieron venir la guerra comercial. No era el escenario base para muchos, pero sí entraba entre los posibles desde el momento en el que Donald Trump volvió a poner el pie en la Casa Blanca, y hubo compañías que quisieron adelantarse a ello. Así lo reflejan los datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), que, en su Informe económico anual detalla que las empresas más expuestas al comercio internacional optaron por blindar su financiación a finales de 2024.
Según el llamado banco central de los bancos centrales, la mediana de las líneas de crédito de las compañías del mundo se incrementó en un 60%. El BIS toma como referencia 47 países y apunta que, en aquellos sectores cuyas cuentas de resultados están más ligadas a las importaciones y exportaciones, el pasivo preaprobado por la banca se situó por encima de los 300 millones de dólares, escalando desde los 195 millones que reflejaba antes.
Las líneas de crédito son financiación que las entidades bancarias ponen a disposición de sus clientes para que hagan uso de ella en cualquier momento sin tener que pasar por los habituales procedimientos de solicitud de un nuevo préstamo. El cliente solo pagará intereses por el importe del que finalmente haya dispuesto, aunque es habitual que se le cobre, además, una comisión o un tipo de interés relativamente bajo sobre el saldo no utilizado.
Este tipo de pasivo se considera un seguro para las empresas, pues garantiza que no van a quedarse sin liquidez en momentos de estrés en los mercados, en los que los bancos puede ser más reacios a prestar. Sin embargo, suele ser más caro que un préstamo tradicional o una emisión de bonos, lo que hace que las compañías limiten las líneas de crédito a un tamaño prudente que se va modulando en función de los riesgos detectados.
En esta ocasión, el incremento en el volumen de las líneas de crédito disponibles fue el mayor en más de una década. Esto demostraría que las empresas globales vieron en la victoria electoral de Trump una clara amenaza a pesar de que los mercados financieros inicialmente lo celebraron.
«La evidencia sugiere que algunas empresas anticiparon las potenciales turbulencias futuras. El aumento de las líneas de crédito fue más pronunciado en las empresas de sectores expuestos a cambios en las políticas comerciales«, identifican los expertos del BIS.
Alta tensión
Las empresas temieron un enorme varapalo económico que les cerrara o encareciera la ventana a la financiación. La apuesta cobró aun más interés cuatro meses después cuando, en abril, Trump anunció aranceles a prácticamente todo el planeta que tensaron enormemente los mercados financieros.
Aunque la situación se revirtió poco después con el anuncio de una tregua, nada evita que un cambio de opinión de Trump pueda llevar de nuevo a una escalada de la tensión. Además, el BIS indica en su informe que, pese a que todavía cabe la posibilidad de que se firmen acuerdos comerciales que limiten de forma efectiva los aranceles impuestos, «los efectos de la incertidumbre por sí solos podrían tener un impacto significativo en las perspectivas económicas a corto plazo».
Con aranceles de más del 10% para prácticamente todos los socios de EEUU, las empresas más dependientes del comercio con ese país podrían ver su calificación crediticia afectada. Y los bancos y los inversores actuarán en consecuencia.
El propio Banco Central Europeo (BCE) ya ha solicitado a las entidades financieras que analicen la exposición de sus clientes a las cadenas de suministro más golpeadas por la guerra comercial con el objetivo de que aumenten sus provisiones.
A juicio del supervisor europeo, «los aranceles más altos ralentizan el comercio y pueden tener un impacto negativo en el crecimiento y la salud financiera de las empresas», lo que se traducirá en mayores costes de financiación una vez que les toque renovar sus préstamos y venzan las líneas de crédito que desplegaron a finales del pasado año. Habitualmente, las líneas de crédito tienen vencimientos más cortos que los préstamos, de alrededor de un año de media.
Por el momento, sin embargo, gracias a su posicionamiento cauto, las empresas más expuestas han comprado algo de tiempo, lo que les puede dar margen para reorientar sus productos a otros mercados y esperar a que la situación se enderece cuando se alcance algún tipo de acuerdo con EEUU.