Las cajas rurales escalan al ‘top 5’ en banca de pymes en doce CCAA

Entidades como Cajamar, Caja Rural de Navarra y Caja Rural de Asturias amplían su ventaja en el segmento de empresas frente a la gran banca por su cercanía al territorio. Su cuota de mercado supera el 30% en el conjunto de España.

Sin hacer ruido, las cajas rurales están ganando cuota de mercado en España.

Entre el 30% y el 40% del mercado de banca de pymes no está controlado por ninguno de los seis bancos cotizados, sino por otras entidades. Muchas de ellas, cajas rurales.

En 12 de las 17 comunidades autónomas tienen una posición líder (están entre los cinco grandes). Es el caso de Caja Rural de Asturias en el Principado de Asturias, de Cajasiete en Canarias y de Cajamar en Andalucía, Murcia y Comunidad Valenciana.

Caja Rural de Navarra, con una cuota superior al 30%, llega a superar a CaixaBank en la Comunidad Foral, que absorbió en su día Banca Cívica, y está entre los tres primeros en La Rioja.

Hablamos de empresas que facturan hasta 50 millones de euros anuales, que son la mayoría en este segmento.

El líder es Santander, que en 2017 compró Popular, con una cuota de entre el 20%-30% según datos del Banco de España de 2023, los últimos disponibles. Le siguen CaixaBank, BBVA y Sabadell.

La CNMC, la Autoridad de Competencia, se hizo eco de estos datos cuando analizó el mercado de pymes a raíz de la opa de BBVA sobre Sabadell.

El secreto de las rurales es estar muy pegadas a las empresas del territorio y no depender de los mercados, porque se suelen financiar solo con depósitos. Tienen socios, pero no accionistas.

Este sector ha sabido captar a los clientes que se han sentido abandonados tras la retirada masiva de los grandes bancos de las pequeñas poblaciones.

También tienen elevadas cuotas en el negocio hipotecario, aunque no existen datos públicos. En total, su grado de penetración en el mercado de crédito supera el 9% a nivel nacional. Algunas tiene hipotecas muy competitivas en precios, como Caja Rural de Navarra y Laboral Kutxa.

Beneficios

Las alredededor de sesenta cajas rurales que operan en España ganaron el año pasado 1.575 millones, un 33% más que el año pasado.

A esta cifra de beneficios habría que añadir el resultado de Cajamar (326 millones de euros), que no es asociada de la patronal Unacc. Entre todas controlan un 10% del negocio bancario en España.

Las rurales arrasan en algunas provincias con cuotas superiores al 40% (Soria) y al 30% en otras tantas: Navarra, Zamora, Cuenca, Albacete, Castellón, Murcia, Teruel y Almería.

Las más importantes por beneficios son Cajamar, Laboral Kutxa, Caja Rural de Navarra y Caja Rural del Sur.

En conjunto, cuentan con alrededor de diez millones de clientes.

En la última década, las ganancias del sector se han multiplicado por dos. A diferencia de los bancos, llevan años sin ajustar plantilla ni recortar sucursales. Tienen una red de 4.400 oficinas y son la única entidad en 513 municipios españoles.

Las cooperativas de crédito viven del negocio que practicaban las cajas de ahorros antes de meter la cabeza en el crédito promotor y financian a buena parte de las explotaciones agropecuarias. La mayoría son diminutas, pero son rentables y están saneadas por su escaso riesgo.

Durante la reciente fase de tipos de interés elevados, Las cajas rurales han están pagando rentabilidades atractivas por los depósitos a plazo, hasta el 3% TAE a un año. Y eso que estas entidades no necesitan llenar su balance con más pasivo. En algún caso, su ratio de liquidez llega a multiplicar por dos la ratio de los bancos tradicionales. Lo hacen para retener a sus clientes, la inmensa mayoría de avanzada edad y perfil conservador. Hay otra razón tanto o más importante: no necesitan maximizar beneficios, sino dar un buen servicio a sus socios porque son cooperativas y no cotizan en Bolsa.

Holgura de capital

La ratio de capital es tan holgada que supera el 20% en algunos casos.

Hay un aspecto de su estructura que es clave y que explica su elevada solvencia. Solo está retribuido el capital propiamente dicho (las aportaciones de los socios reciben un dividendo anual) y eso permite una mayor reinversión del beneficio anual a incrementar las reservas.

Su grado de exposición al sector inmobiliario ha sido en general bastante limitado, de ahí su contenida morosidad. La única excepción fue la aragonesa Bantierra (hoy Caja Rural de Aragón). Grupo Caja Rural y Laboral Kutxa salieron en su ayuda en 2017 con el objetivo de hacer un saneamiento exprés de buena parte de su cartera de activos tóxicos.

Las cajas rurales están obligadas a dotar un fondo de resolución con aportaciones anuales para rescatarse a sí mismas en caso de problemas de solvencia. Y tienen su propio dividendo social. Destinan el 10% del beneficio como mínimo a educación y promoción del mundo agrario.