La banca tiene bloqueados 500.000 millones por la fragmentación de la UE

Las entidades denuncian que, pese a cumplir los requerimientos a nivel de grupo, no pueden asignar sus recursos libremente a los negocios que más lo necesitan.

Las ineficiencias de la Unión Bancaria lastran a los bancos europeos incluso diez años después de su puesta en marcha. La crisis financiera global trajo consigo un régimen de fortaleza récord para las entidades, pero las lagunas que todavía mantiene el marco en el que operan siguen ejerciendo de rémora de la competitividad y del crecimiento, impidiendo la formación de gigantes global.

Esa es la conclusión a la que llega AFME, la asociación que agrupa a los grandes bancos que operan en los mercados de capitales. En su más reciente informe, publicado hoy mismo, el grupo de presión denuncia ante las autoridades de Bruselas y Fráncfort que las entidades tienen casi 500.000 millones en liquidez y capital bloqueados como consecuencia de la fragmentación que todavía existe en la Unión Bancaria.

Se trata de un problema de fondo que se remonta al origen mismo de la Unión Bancaria, aunque afecta por motivos distintos al capital y a la liquidez. Sobre el primero, la legislación comunitaria recoge una serie de colchones que los bancos deben mantener en todo momento para garantizar su solvencia.

Este reglamento no contempla que la entidad capte lo recursos a nivel de grupo, sino que obliga a que se mantengan los escudos de seguridad en cada uno de los países en los que opere. Esto provoca que el capital no puedan fluir libremente por los diferentes negocios, que se generan redundancias en las exigencias supervisoras. Con todo, el capital paralizado asciende a los 225.000 millones .

Liquidez

El caso de la liquidez es ligeramente diferente. La normativa comunitaria sí que permite que los diferentes Estados Miembros concedan a los bancos exenciones para que los recursos en otros países de la UE puedan computar para los colchones exigidos. Sin embargo, la desconfianza entre los Estados Miembros lleva a que este recurso no se utilice, lo que de nuevo fuerza a los bancos a reunir la liquidez exigida por los supervisores en cada país de la UE en el que cuenta con una filial.

Los miembros de la AFME consultados para la elaboración del informe señalan que han presentado sin éxito múltiples solicitudes de autorización para exenciones de liquidez transfronterizas. Esto ocurre incluso dentro de la Eurozona, donde la supervisión se lleva a cabo a través del Banco Central Europeo (BCE) para las entidades de mayor tamaño, y no debería haber temor a que otro supervisor priorice la estabilidad del negocio doméstico de un banco frente a los foráneos.

De esta forma, mientras que el bloqueo al capital bancario se produce por las normativas europeas, el de la liquidez es fruto de los miedos de los Estados Miembros y su reticencia a poner en marcha una auténtica Unión Bancaria. Las entidades defienden que si existiera un Fondo de Garantía de Depósitos Europeo, gran parte de esa desconfianza entre los países desaparecería y la liquidez podría fluir libremente.

«Esta barrera regulatoria no sólo es subóptima, sino que también es contraria al objetivo de la Unión Bancaria de brindar servicio a clientes transfronterizos», indica el lobby del sector, que cuantifica la liquidez paralizada en más de 250.000 millones.

El BCE ya alertó en 2021 de los problemas que el bloqueo de recursos podía generar al sector bancario. En ese análisis, además, proponía la creación de una serie de garantías intragrupo que obligasen a la entidad a prestar los suficientes recursos a sus filiales en caso de estrés con el objetivo de calmar los miedos de los diferentes países del euro.

Otras opciones también valoraban realizar modificaciones a los planes de resolución de los bancos para garantizar la atención de sus negocios en otros Estados Miembros a través del grupo. «Las restricciones limitan gravemente la competitividad y reducen las ganancias de eficiencia derivadas de un marco bancario verdaderamente integrado», aseguran desde AFME, que señala que esto «puede poner a los bancos europeos en desventaja frente a sus competidores internacionales».

Freno al crecimiento

Los bancos han detectado que, debido a la fragmentación de la Unión Bancaria y a las regulaciones que bloquean la libre circulación de capitales y liquidez, existen muy pocos incentivos para crecer de forma trasnacional, ya sea orgánica o inorgánica.

Los bancos que operan en varios países de la Unión Bancaria deben gestionar un complejo conjunto de requisitos regulatorios en cada jurisdicción, lo que impide que estas instituciones aprovechen plenamente las economías de escala, el principal beneficio de ganar tamaño.

En su informe, AFME estima que el costes operativo medio (gastos administrativos medidos en función de los activos bancarios totales) disminuye hasta alcanzar los 451.000 millones de euros en activos totales. Sin embargo, de forma contraintuitiva, a partir de esa cifra el coste operativo medio vuelve a aumentar. «Este punto de inflexión indica que los grupos bancarios más grandes podrían tener dificultades para lograr mayores mejoras de eficiencia sin cambios regulatorios», señala la asociación.

Al mismo tiempo, este aumento de los costes y la libertad de poder asignar libremente el capital y la liquidez explican en parte por qué la mayoría de fusiones y adquisiciones que se han producido en la última oleada de concentración bancaria son de carácter nacional. Según denuncian las entidades, «los grupos bancarios se enfrentan a un marco desincentivador para llevar a cabo fusiones y adquisiciones transfronterizas porque sus exposiciones intragrupo están sujetas a límites restrictivos» adicionales.

«Esto puede actuar como una barrera natural de entrada en países donde el supervisor nacional establece límites discrecionales más estrictos, lo que dificulta aún más la consolidación bancaria y la competitividad en toda la Unión», indican en AFME.

Actualmente, un comité de expertos del BCE liderado por Luis de Guindos trabaja para ver cómo se podría simplificar la normativa bancaria para ganar competitividad sin que ello derive en un sistema financiero más débil. Se estima que los resultados llegarán a final de año y podrían abrir la puerta a cambios normativos desde Bruselas que reduzcan las deficiencias de la Unión Bancaria.