Carlos March Delgado, la retirada de un referente tras 50 años de actividad empresarial

La decisión de Carlos March Delgado de renunciar a la presidencia de Alba, el hólding industrial propiedad de la familia de este apellido, supone el último paso que quedaba por dar para que la cuarta generación March siga los pasos de las tres anteriores con el objetivo de preservar y acrecentar el patrimonio y la vocación empresarial que han mantenido desde que, en 1926, el abuelo de Carlos March fundara Banca March en la isla de Mallorca.

El nuevo presidente de Corporación Alba es, desde ayer, Juan March de la Lastra, hijo de Carlos March, que ya era vicepresidente primero de la compañía al tiempo que presidente no ejecutivo de Banca March.

Carlos March accedió a la presidencia de Banca March en 1974, a los 29 años de edad, como consecuencia de la muerte repentina de su padre, Juan March Servera, quien a su vez había sucedido a Juan March Ordinas, el fundador del grupo empresarial. Carlos March y su hermano Juan, cinco años mayor que el primero, se repartieron desde el principio sus responsabilidades dentro del grupo: Juan se concentraría en las participaciones industriales y Carlos en el banco. Carlos March fue presidente de Banca March hasta 2015, es decir, 41 años.

En todo caso, los dos hermanos ocupaban los segundos puestos garantizando de esta manera una profunda compenetración. La familia March Delgado se completa con dos hermanas, mayores que los dos varones, Gloria y Leonor, que nunca han estado involucradas directamente en la gestión de los negocios de la familia.

Un año después de dejar la presidencia del banco, ocupada entonces por su hijo Juan March de la Lastra, Carlos March accede a la presidencia de Alba, ya que su hermano Juan March Delgado, dejó el puesto.

Durante los años ochenta del pasado siglo en España había multitud de bancos y cajas de ahorros. Entre los bancos destacaban los siete grandes (Banesto, Central, Hispano, Bilbao, Vizcaya, Santander y Popular) y cinco medianos (Sabadell, Herrero, Pastor, Zaragozano y March). Se trataba de entidades muy centradas en sus territorios de origen que hacían banca comercial y competían con los grandes y las cajas regionales.

Compras y ventas

En sus primeros años al frente de la banca familiar (los accionistas son los cuatro hermanos March Delgado, el actual presidente de la entidad y algún otro miembro de la cuarta generación), Carlos March intentó en varias ocasiones aumentar su presencia en el conjunto del sector financiero con distinta fortuna, como él mismo reconoció posteriormente.

En 1981 el grupo March adquirió Banco de Asturias, intervenido por el Fondo de Garantía de Depósitos. Seis años después lo integró en una joint venture que había creado con el británico NatWest, de la que se salió definitivamente en 1989. Esa entidad acabó siendo adquirida en 1996 por Banco Sabadell. En 1992 el grupo March vendió a La Caixa su participación en Banco de Progreso.

Sin duda la operación financiera que más éxito le reportó al grupo fue el asalto por sorpresa a las entidades filiales del entonces del Banco Popular (Banco de Andalucía, Castilla, Galicia, Vasconia y Crédito Balear) cuya mayoría de capital estaba en sociedades de gestión de cartera (Popularinsas eran sus nombres). En abril de 1986, y mediante un acuerdo con el Hispano, que acumulaba en sus fondos buena cantidad de acciones de las popularinsas, March se hizo con un paquete del 20%, claramente superior al que tenía Popular, y pidió participar en la gestión de las entidades.

Después de duros enfrentamientos entre las partes (Popular no quería ceder la gestión), alcanzaron un pacto, propiciado por el entonces gobernador del Banco de España Mariano. Rubio, de recompra de las acciones por parte de Popular, lo que supuso una elevada, y rápida plusvalía para el grupo March.

Dos años después, Carlos March compra al Hispano, que atravesaba por problemas, su filial Banco Urquijo, con lo que intenta de nuevo ampliar su base de actuación por toda España. Una década después, vende el 70% del Urquijo a KBC, entidad luxemburguesa, y el resto lo hace en 2004. Dos años después, Banco Sabadell compra el Urquijo.

Cambio de rumbo

Esta venta supone el final del intento del grupo March de tratar de tener una posición relevante en el conjunto del sector financiero nacional y se inicia un cambio en la configuración de Banca March, orientándose inicialmente hacia las actividades de banca de empresas familiares y de familias empresarias con el convencimiento de que era un nicho de mercado que no era objeto de deseo por parte de las grandes entidades más centradas en la banca universal y en la financiación a grandes compañías nacionales.

El proceso de transformación del banco se inicia bajo la presidencia de Carlos March, pero se mantiene y acentúa cuando en 2015 cede la presidencia de la entidad a Juan March de la Lastra, manteniéndose como consejero dominical (es el mayor accionista del banco) hasta que hace algo más de un año, en 2024, renuncia a seguir en el consejo del banco.

Seis años antes, Juan March Delgado dejó la presidencia de Alba, que fue ocupada por Carlos March que ya era vicepresidente de la corporación. Y también en Alba se lleva a cabo un proceso de renovación y transformación que afecta tanto al tipo de inversiones que protagoniza la compañía (salida de ACS y entrada en Naturgy, por ejemplo) como a la distribución del accionariado.

Desde el principio de la sociedad, el grupo March (la familia March Delgado y Banca March) tenía su control mayoritario y el resto del capital cotizaba en Bolsa, siendo el único hólding industrial que lo hacía.

En los últimos años, tanto inversores particulares como Banca March y algunos miembros de la familia han ido desprendiéndose de acciones que han sido adquiridas tanto por Juan como por Carlos March Delgado. Hasta que en marzo de este año, el consejo de la compañía aceptó la propuesta de Carlos March de llevar a cabo una opa sobre el capital no controlado por el grupo (poco más del 5%) para sacar de Bolsa la compañía.

Carlos March se comprometió a adquirir inicialmente un 1,5% y el resto lo compraba la propia Alba para mantenerlo en autocartera con el objetivo de que el entonces presidente de la sociedad fuera adquiriéndolo de forma paulatina. Es probable que el nuevo presidente de la sociedad acabe comprando una parte de esas acciones.

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