
El Gobierno británico debería asegurarse de que la ‘fintech’ se quede en el país, aunque su fundador Nik Storonsky no lo haga.
Es evidente que los bajos impuestos no son la única razón por la que alguien podría mudarse a Emiratos Árabes Unidos. También están el sol invernal y los paseos en quad por las dunas. Pero un enfoque más flexible para gravar las enormes fortunas probablemente ayude, especialmente para emprendedores que enfrentan una posible factura multimillonaria de la Hacienda Pública británica.
Uno de ellos es Nik Storonsky, cofundador y consejero delegado del banco británico Revolut. Es beneficiario de un paquete salarial al estilo de Elon Musk que, en manos de un residente de Reino Unido, podría teóricamente traducirse en más de 5.000 millones de libras (5.760 millones de euros) en impuestos, si se alcanzan todos sus objetivos.
La emigración de Storonsky a Oriente Medio podría parecer, a primera vista, una prueba de que Reino Unido está ahuyentando a su mejor y más brillante talento mediante políticas fiscales contraproducentes. Estos temores son exagerados. Hace apenas unas semanas, Revolut inauguró una nueva sede de 10.500 metros cuadrados en Londres.
No cabe duda de que, desde la perspectiva del Tesoro británico, habría sido preferible que Storonsky se hubiera quedado. Según las informaciones, vendió más de 150 millones de libras en acciones el año pasado; suponiendo que casi todas fueran ganancias de capital, podría haberle reportado a Hacienda más de 36 millones de libras. Mientras tanto, su salario basado en acciones tributa como ingresos y, por lo tanto, a un tipo más alto, por lo que la factura de su futuro bonus podría ser proporcionalmente mucho mayor.
Pero los multimillonarios son móviles; no es evidente que el Gobierno pudiera haber actuado de otra manera. Tratar la retribución en acciones como ganancias de capital crearía una enorme laguna legal. El tipo impositivo del 24% sobre las ganancias de capital en Reino Unido es más alto que en EAU, donde es nulo, pero está en la línea de la mayoría de sus pares internacionales.
La preocupación por la marcha de los muy ricos al extranjero ha aumentado desde que Reino Unido abolió su régimen de no domicilios, que otorgaba ventajas fiscales a quienes residían en el país pero declaraban que su residencia principal a largo plazo estaba en otro lugar. No obstante, eso no supondría ninguna diferencia en este caso, ya que sólo protegía los activos extranjeros, no las acciones ni los ingresos de una empresa británica.
El objetivo más importante del Gobierno debería ser garantizar que Revolut se quede, incluso si su fundador no lo hiciese. El banco pagó más de 250 millones de libras en impuestos de sociedades en Reino Unido el año pasado, una cifra que aumentará si logra alcanzar los ambiciosos objetivos de Storonsky. Y eso sin considerar el impacto de los impuestos sobre la renta y el efecto multiplicador creado por los hábitos de consumo de los empleados bien remunerados.
En total, los bancos británicos pagaron 25.000 millones de libras en impuestos sobre el trabajo en el ejercicio fiscal 2024, según el grupo del sector UK Finance, más del doble de lo recaudado en impuestos sobre las ganancias de capital. Si Revolut contribuye a aumentar sustancialmente esa cifra, facilitar que un consejero delegado mantenga una piel bronceada durante todo el año, y una baja factura fiscal, sería un precio que valdría la pena pagar.
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