El PNV se reconcilia con BBVA antes del desenlace de la opa sobre Sabadell

El PNV había abandonado a BBVA al negarse a apoyarle políticamente durante todos estos meses en su opa sobre Sabadell, algo muy diferente del papel activo que han jugado los partidos nacionalistas catalanes, fundamentalmente Junts, que han estado al lado de la entidad presidida por Josep Oliu a lo largo de todo el proceso para intentar garantizar la «catalanidad» de la entidad, por la vía de frustrar el intento de compra.

El presidente del PNV, Aitor Esteban, llegó a decir que no consideraba a BBVA una entidad realmente vasca, porque, más allá de contar con su sede en este territorio, la mayor parte de sus decisiones se tomaban lejos de allí. Esteban llegó incluso a vincular en su momento a esta entidad con el Partido Popular al entender que buena parte del alejamiento de BBVA de Euskadi se había producido en los procesos de integración de BBV con Argentaria, bajo el Gobierno de José María Aznar. Desde entonces la formación nacionalista ha reforzado su apoyo a otros actores financieros de la comunidad autónoma. Así está presente en el tejido financiero de Euskadi a través de un competidor de BBVA como Kutxabank, por la influencia que ejerce en las fundaciones que controlan esta entidad.

A pesar de todos estos antecedentes, en las últimas semanas la formación nacionalista y BBVA han hecho un ejercicio de pragmatismo y han culminado un acercamiento. El PNV ha dado un giro respecto a su posicionamiento en relación con la opa, lo que se interpreta ya como una nueva fase entre las relaciones de la cúpula del partido y la de la entidad. El lehendakari Imanol Pradalesapuesta ahora por una integración bancaria como la que supondría de triunfar la opa de BBVA sobre Sabadell y habla ya de una «muy buena» relación con el banco vasco.

¿Demasiado tarde? En el trasfondo de este cambio podría estar un compromiso de la entidad para incrementar su presencia en Euskadi, con mayor participación en el tejido empresarial vasco. Para BBVA contar con el respaldo de ahora en delante de los nacionalistas vascos supone abrir una vía de influencia en el Gobierno de Pedro Sánchez para suavizar las reservas que el Ejecutivo español ha impuesto a una fusión una vez efectuada la compra.

De hecho, el Gobierno acordó que ambas entidades no podrán fusionarse en un periodo de tres años ampliables a cinco. Además, el PNV puede, una vez materializada la operación, limar las diferencias que la cúpula de BBVA mantiene con los nacionalistas catalanes haciendo de enlace. Algunas fuentes señalan que lo que explica el giro nacionalista es más la idea de apuntarse al caballo ganador, ya que en el PNV perciben que la opa va a tener éxito (superaría el 30% que abre la puerta al control) y que en un futuro cercano una tercera parte del crédito a empresas en Euskadi va a estar controlado finalmente por la entidad resultante.

Iñaki Garay. Director adjunto de EXPANSIÓN