Sabadell triunfa con gran mérito

El desenlace de la opa hostil lanzada por BBVA sobre Banco Sabadell confirma el fracaso de una operación que nació con un desequilibrio de fondo: una prima financiera insuficiente que resultaba en un planteamiento muy atractivo para BBVA y escasamente atractivo para Sabadell.

La oferta, iniciada en mayo de 2024 y revisada en septiembre de 2025 con una subida de precio del 10%, ha sido finalmente aceptada por solo el 25,3% del capital de Sabadell, muy por debajo del umbral mínimo del 30% fijado por BBVA.

Desde el inicio, la operación arrastró dos debilidades estructurales. La primera es que la prima anunciada, inicialmente del 30%, se evaporó en pocas semanas a medida que la cotización de Sabadell se revalorizaba. Durante muchos meses la prima fue negativa, lo que hacía financieramente absurda la propuesta. BBVA ha insistido repetidamente en el «atractivo extraordinario» de su oferta, pero esa voluntariosa narrativa ha sido repetidamente desmentida por la realidad. La segunda debilidad estructural es que la moneda de cambio consistía en nuevas acciones de BBVA, ampliando con ello el riesgo para los accionistas de Sabadell.

Banco Sabadell, apoyado en una potente mejora fundamental, ha sido capaz de construir un argumento muy sólido en su defensa, liderado con mucha determinación, convicción y, en última instancia credibilidad, por el presidente Josep Oliu y el CEO César González-Bueno, muy bien arropados por Goldman Sachs, Morgan Stanley y Evercore y por las direcciones de relaciones con inversores y de relaciones institucionales del grupo. El plan independiente —con una guía de ROTE del 16% y distribución de 6.450 millones de euros en dividendos y recompras entre 2025 y 2027— apunta a una continuada creación de valor. La entidad ha sabido transmitir confianza, reforzando su identidad y su capacidad de operar con autonomía.

Sede corporativa de Sabadell en Barcelona
Sede corporativa de Sabadell en BarcelonaEXPANSION

Por su parte, BBVA gestionó la opa con ciertas inexactitudes tanto en los plazos como en la comunicación. Insistió machaconamente en el atractivo financiero de una propuesta que, a medida que las cotizaciones divergían, perdía sentido económico. Tampoco calibró bien el componente emocional y cultural de la operación, un error similar al que descarriló el intento de compra de 2020. Y el discurso de integración se percibió desde el inicio más como una absorción unilateral que como una alianza industrial. Los mensajes de rechazo a la propuesta eran claros, pero el banco decidió ignorarlos.

En mi opinión, el sistema bancario español sale reforzado, pues la absorción de Sabadell por BBVA hubiese reducido alarmantemente la oferta bancaria para particulares y pymes. Ahora toca que ambas entidades pasen página sin agravios ni rencores y se vuelquen en el servicio a su clientela. En cuanto a los accionistas, a tenor de la subida de los ADR de BBVA ayer en Nueva York, hoy el mercado premiará la cotización de BBVA. Y la de Sabadell, ceteris paribus, debiera también salir reforzada.