
La opa hostil fallida de BBVA para hacerse con el control de Sabadell pasará a la historia del sector bancario español por distintos aspectos.
Uno de ellos es cómo ambas entidades han podido estar pendientes minuto a minuto de la batalla más estratégica sin descuidar el día a día del negocio, que no ha mostrado otra cosa que signos positivos en ambos bancos.
De hecho, una vez que la operación ha descabalgado, ambas entidades prevén centrarse exclusivamente en sus respectivos planes estratégicos.
El presidente de BBVA, Carlos Torres, aprovechó el anuncio de la opa fallida para mirar «al futuro» y acelerar los objetivos de retribución a los accionistas, poniendo además en marcha un «significativo programa adicional de recompra de acciones».
El objetivo de ambos bancos ha sido mantener la tensión competitiva para no descuidar el negocio en ningún momento. Eso ha permitido tanto a BBVA como a Sabadell presentar de manera continuada resultados récord a lo largo del último año y medio.
El banco opado, por ejemplo, incrementó un 23% su beneficio neto en el primer semestre tras ganar 975 millones de euros, que se suman a los 1.827 millones registrados en el ejercicio de 2024, que ya logró elevar un 37,1% el resultado, creciendo con fuerza en líneas de negocio clave como los medios de pago, disparando la nueva producción crediticia y reduciendo el perfil de riesgo del grupo.
El tiempo de la opa también ha sido un periodo de récords en el caso de BBVA.
No solo ha registrado las cifras de beneficios más altas de su historia, tanto al cierre del ejercicio pasado como en el primer semestre de 2025, sino que el banco ha sobresalido en indicadores de negocio estratégicos como la captación de clientes: ganó 5,7 millones de usuarios en los primeros seis meses del año, un volumen nunca alcanzado antes.
La buena marcha del negocio de los bancos ha sido clave para que los dos hayan llevado al máximo sus políticas de retribución al accionista.
En el caso de Sabadell, los responsables de la entidad han presentado un plan estratégico que contempla repartir hasta 2027 unos dividendos y recompras que, combinados, alcanzan un importe de 6.300 millones, equivalente a más de un tercio de la capitalización bursátil.
La cúpula de BBVA, por su parte, ha prometido repartir 38.000 millones hasta 2028 vía recompras y dividendos en efectivo, una remuneración que equivale a un 39,7% del valor bursátil del banco.
Equipos pequeños
¿Cómo han podido ambos bancos afinar tanto en sus negocios teniendo a la vez que gestionar el día a día de una opa hostil? Distintas fuentes financieras señalan que, en las dos entidades, la gestión de la batalla ha quedado en muy pocas manos.
El esquema ha sido similar en ambos bancos: los responsables de la opa han sido un pequeño grupo de empleados liderados por la primera línea ejecutiva más estratégica.
Reparto de tareas
Algunas áreas que no son de negocio, como por ejemplo Comunicación, se han volcado más en la operación, pero esa no ha sido la tónica habitual en el conjunto de los dos grupos.
«La mayor parte de los empleados y todas las oficinas se han dedicado a cumplir con sus objetivos ordinarios, sin perder la atención por la opa», explica una fuente próxima a BBVA, que matiza que no fue hasta finales de septiembre cuando la entidad decidió interrumpir de manera temporal los objetivos comerciales habituales de su red de oficinas, con el fin de establecer, mientras durase el periodo de aceptación, una prioridad transitoria para aglutinar el mayor porcentaje posible de adhesiones a la operación.
Los directivos de las principales áreas de negocio han estado relativamente liberados de obligaciones relacionadas con la opa durante este año y medio, pudiendo centrarse en sus respectivas actividades.
En contraprestación, también han estado más liberados de las obligaciones del día a día del negocio los primeros ejecutivos de los dos bancos. «Se han visto obligados a delegar más en sus equipos en cuanto a la toma decisiones operativas y se han aligerado las reuniones de los comités», explican estas fuentes.