
La opacidad del crédito privado eleva la desconfianza. El BCE y los analistas ven un riesgo limitado, pero no descartan sustos.
El crédito privado ha mostrado su peor cara en Estados Unidos; JPMorgan y Jefferies se han visto directamente afectados, y ahora la banca al completo revisa sus cuentas para determinar su grado de exposición. También la europea.
«Cuando ves una cucaracha, probablemente haya más… todos deberían estar prevenidos sobre esto», ha advertido Jamie Dimon, máximo responsable del gigante de Wall Street.
JPMorgan ha sido el primero en encontrarse cara a cara con el insecto. Le costará 146 millones de euros, que son los que ha provisionado por la quiebra del prestamista de automóviles subprime Tricolor, pero Dimon cree que saldrán más implicados. El banco de inversión Jefferies y los regionales Zions y Western Alliance le han dado la razón.
Contagio
Por ahora hay cuatro bancos de Estados Unidos directamente afectados por la quiebra o los problemas de empresas relacionadas con el circuito del crédito directo, un segmento que se ha disparado en los últimos años.
La tormenta ya se ha contagiado a Europa. Primero lo hizo en forma de marejada bursátil. «Los bancos con un negocio más grande en Estados Unidos, como Deutsche Bank, Santander y Barclays, fueron los más castigados en Bolsa», apunta la firma de análisis CreditSights.
Pero enseguida han llegado impactos más directos. Barclays ha tenido que provisionar 125 millones por su exposición a Tricolor y algunas filiales de Santander prestaron a First Brands, otra de las quiebras relacionadas con el mercado de deuda estadounidense, aunque su posición está cubierta.
Otros bancos europeos también están haciendo ahora un repaso de sus relaciones con el crédito privado, especialmente después de haberlas estrechado en los últimos años. El atractivo del negocio y las altas rentabilidades han llevado a casi todos los grandes de Europa a firmar acuerdos con los principales fondos especializados para involucrarse de una forma u otra en sus actividades.
A eso se suma otro problema, añade CreditSights. El crédito privado, también conocido como préstamo alternativo a la banca, no publica «datos fiables ni consistentes», está sujeto a una regulación más laxa que la bancaria e invierte en posiciones a menudo ilíquidas.
«Eso significa que en muchos casos no hay acceso a métricas de riesgo, como el historial de impagos y las ratios de pérdidas y recuperaciones, y tampoco a valoraciones de los activos, lo que crea una falta de transparencia que puede disparar los temores del mercado», señala la firma de análisis.
Crecimiento
CreditSights cree que los temores vienen más de la opacidad de este segmento que de complicaciones reales para los bancos europeos, pero también señala que se ha elevado la preocupación de que el sector quede contaminado por el rápido crecimiento de un mercado que actúa en muchos casos en la sombra.
Sobre todo, porque las entidades tampoco dan cifras transparentes de su exposición al crédito privado y no hay forma de rastrearlo en sus cuentas.
El Banco Central Europeo (BCE) es de la misma opinión. Sus últimos análisis dicen que la exposición de la banca europea al crédito privado es limitada, pero tampoco eso lo tranquiliza del todo.
El problema es que un banco puede prestar a un fondo de crédito privado, a los inversores que participan en él y a las empresas que ese vehículo tiene en cartera, lo que amplifica los riesgos, y más en un sector cuya regulación se ha quedado muy por detrás de la bancaria.
«Dado que las exposiciones implican riesgos complejos y multifacéticos, con apalancamiento en varios niveles, es fundamental adoptar enfoques sofisticados para gestionar esa amenaza«, explicaba el BCE en un informe del año pasado en el que apuntaba a un mayor control de este mercado y de sus relaciones con la banca.
Fondos de UBS
UBS es un ejemplo de ello. El banco no ha tropezado con el crédito privado, pero su gestora de activos sí. Tiene 500 millones de dólares (430 millones de euros) invertidos en First Brands.
Los fondos de la gestora están fuera del balance de UBS, pero eso no impide el daño reputacional o algún posible contagio por compromisos que haya entre el banco y su filial o la existencia de préstamos intragrupo, señalan fuentes financieras.