
Acumular exposición financiera a una empresa que no se controla puede ser arriesgado, pero comprar participaciones minoritarias ofrece ventajas.
Incluso Andrea Orcel admite que sus recientes esfuerzos de M&A no han salido según lo previsto. El consejero delegado del banco italiano UniCredit, quizá el negociador más conocido de la banca europea, se ha topado repetidamente con la oposición en sus intentos por hacerse con el control de Commerzbank en Alemania y Banco BPM en Italia.
Cabría suponer que sus rivales estarán debatiendo cómo evitar acabar en la misma situación que Orcel. Sin duda, se han cometido errores de los que podrían aprender: por ejemplo, no subestimar la importancia de contar con el apoyo de los políticos a la hora de realizar operaciones en un sector tan sensible como el bancario.
Y, sin embargo, UniCredit ha salido sorprendentemente bien parado de esta situación. El banco afirma que sus participaciones minoritarias en Commerzbank y en el grupo griego Alpha Bank han generado un rendimiento sobre la inversión de aproximadamente el 20%, incluso sin los beneficios que podría haber ofrecido una fusión completa. Esto contrasta con una rentabilidad del 11% en su programa de recompra de acciones a los precios actuales. La adquisición de participaciones minoritarias en rivales infravalorados ha impulsado las acciones de UniCredit casi un 70% en lo que va de año, cotizando con una prima del 50% sobre su valor contable tangible.
Los competidores de Orcel podrían extraer una lección de ello. Tras años de mejorar sus negocios principales, muchos bancos europeos cuentan con más capital del que pueden utilizar de forma orgánica. Las opciones obvias serían invertir ese excedente en adquisiciones o recompras de acciones. Pero como han demostrado UniCredit y otras entidades como BBVA, las grandes adquisiciones son difíciles de culminar. Mientras tanto, los precios de las acciones se encuentran cerca de máximos de más de una década, lo que reduce el atractivo relativo de una recompra.
Con ello en mente, Mediobanca argumenta que adquirir participaciones minoritarias puede ser un «sustituto temporal de la consolidación». Considera que las inversiones en rivales con valoraciones menos altas o en áreas como la tecnología de pagos podrían aumentar las ganancias por acción mucho más que las recompras. La compra de participaciones minoritarias también tiene otra ventaja. Si en unos años las condiciones se volvieran más favorables para una fusión completa, UniCredit tendría ventaja para adquirir el resto, del mismo modo que HSBC compró recientemente las participaciones de los accionistas minoritarios del banco hongkonés Hang Seng.
Por supuesto, aumentar la exposición financiera a una empresa que no se controla puede ser un proceso arriesgado. Commerzbank no ha recibido precisamente con agrado las propuestas de UniCredit, e incluso las fusiones amistosas pueden ser difíciles: basta con ver cómo el banco británico Lloyds decidió recientemente tomar el control total de su empresa conjunta de gestión de patrimonios con Schroders.
En lo que Orcel acertó indudablemente fue en su predicción de que las condiciones para los bancos europeos se están endureciendo. La subida de los tipos de interés benefició a todos en los últimos años, pero con la tendencia a la baja de los tipos, los directivos tendrán que ser más ingeniosos para impulsar nuevas ganancias. Las inversiones minoritarias no siempre serán la respuesta perfecta, pero al menos Orcel plantea algunas preguntas importantes.
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