El verano de 2016 ha sido uno de los más calurosos de los que se tiene constancia y eso ha tenido su efecto en los viñedos españoles. Con la vendimia prácticamente acabada en las zonas de mayor producción, los efectos negativos del verano cálido y seco se han confirmado. No es que vaya a faltar vino: los 10 millones de hectolitros necesarios para cubrir la demanda interior van a estar, así como los 30 millones, entre vinos y mostos, que piden los mercados externos. Pero tampoco va a sobrar. Si de media se produce cada temporada en España alrededor de 43 millones de hectolitros de vino, en 2016 solo se cosecharán 40,5 millones, muy lejos de los 50 millones que esperaban las cooperativas agroalimentarias.